Gervacio Peña López, Centro Laboral de Graton | Conciencia Popular en un Clima Cambiante

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Conciencia Popular en un Clima Cambiante

Este artículo es parte de una colaboración entre YES! Magazine y Climate Workers para conectar las experiencias de l@s trabajador@s con la urgencia de la crisis climática.

Después de que su madre soltera se lastimara en México, Gervacio Peña López dejó la escuela en México e intentó entrar a los Estados Unidos cuatro veces en busca de trabajo para mantener a su familia. Finalmente encontró un trabajo podando la uva en el condado de Sonoma, California. Fue un trabajo riguroso por lo cual solo ganaba $3.35 a la hora y que le dejó tan cansado que muchas veces elegía dormir en vez de comer.

Hoy en día, él es un jardinero, un jornalero y el Presidente de la Junta Directiva del Centro Laboral de Graton, una organización dirigida por l@s trabajador@s que aboga por los derechos de l@s jornaler@s y l@s trabajador@s doméstic@s. Gervacio estudió la Teología de la Liberación, marchó con la Unión de Campesinos, se enfrentó a la industria poderosa de vino, y ha luchado por el control de la renta. ¡Y ha ganado importantes batallas en el proceso!

Peña López es Mixteco y sus abuel@s fueron campesin@s. Para él, l@s trabajador@s agrícolas en los Estados Unidos traen consigo milenios de conocimiento tradicional de la ecología, transmitido generación tras generación, sobre cómo vivir en relación sabia y saludable con la tierra y con el prójimo. Sin embargo, l@s trabajador@s inmigrantes y l@s obrer@s indígenas muchas veces ven que sus habilidades son devaluadas, sus conocimientos son subestimados y sus labores son explotadas.

Brooke Anderson de Climate Workers y Davin Cárdenas del Proyecto Organizativo del Norte de la Bahía se sentaron recientemente con Gervacio Peña López en el Condado de Sonoma, California. Esta entrevista fue editada. Versión en ingles aquí.

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Brooke Anderson: Gervacio, lo conozco como líder muy comprometido en las luchas sociales en el Norte de la Bahía, pero díganos un poquito sobre su vida antes de llegar aquí.

Gervacio Peña López: Yo nací en Santiago Naranjas, Oaxaca en 1967. Fue el año en que capturaron al Che y lo mataron. Mi mamá era madre soltera. Al principio, ella trabajaba en la casa no más: atender la casa y cuidarnos a nosotros. Pero por eso no recibía pago. Entonces lavaba la ropa de otra gente o vendía tortillas. Después, llegaban a sacar gente para los campos agrícolas de Sinaloa: tomate, berenjena, pepinos, y todo eso lo mandaban para los Estados Unidos. Mi mamá nos dejaba comida hecha y se subía cada día a un troque para viajar al trabajo. Ella iba al trabajo para ganar algo de dinero para que yo pudiera estudiar. Estudiamos la Teología de la Liberación y nos preparabamos para después trabajar en comunidades de base. Pertenecer a la religion es más que querer salvar tu alma o orar a un dios. Sino es más que nada saber porque existe la represión en la comunidad y que se puede hacer para cambiar lo que oprime al pueblo.

Brooke Anderson: ¿Cómo fue que decidió venir aquí?

Gervacio Peña López: Iba bien en la escuela. No pensaba venir aquí. Pero mi mamá se accidentó. Le cortó un tornillo. Yo todavía estaba en la escuela pero pensaba que yo debería ser el que tenía que trabajar para que no fuera difícil para mi madre o mis hermanos. Entonces en 1986, intenté 4 veces a cruzar la frontera pero me sacaron para afuera. Volví deportado al Valle de San Quintín, Baja CA. Pero en 1986, por fin entré aquí. Lo único que había de trabajo aquí era podar uvas. Pero como no había trabajado eso en México, no estaba para aguantar trabajos tan duros. Los primeros meses cuando trabajamos en la uva, yo salía tan cansado de que la noche a veces solo podía dormir.  Aunque tenía hambre decía “Prefiero descansar que comer.” Me dolían todos los huesos. Fue difícil adaptarme. Yo me dije, “Esto no es trabajo. Es tortura.” Trabajábamos 9 horas cada día por $3.35 a la hora.

Davin Cárdenas: ¿Cómo es que decidió involucrarse en los movimientos sociales acá?

Gervacio Peña López: No más vine a trabajar aquí. No quería involucrarme en nada. Pero, una vez ya piscando uva nos corrieron de un rancho, a mis primos y a mi. Ya estábamos listos para empezar la pisca cuando nos dieron el papel que teníamos que firmar diciendo que iban a pagarnos 80 centavos la bandeja de uva. No quisimos firmarlo porque queríamos un dólar. En todos lados ya pagaban a un dólar. “No, están locos,” dijeron los dueños. “Si quieren trabajar, pues tienen que firmar.” Ya habíamos oído de La Unión de los Campesinos y Cesar Chavez que defendían a los campesinos. Entonces empezé a marchar con ellos.

Brooke Anderson: Usted ya sabe mucho sobre la agricultura. ¿Cómo surgió este idea de una certificacion de “Green Landscaping” para los jornaleros, como usted, en el Centro Laboral?

Gervacio Peña López: Toda la gente que viene migrando ha trabajado en las tierras en México. Ya saben. Trabajar en el campo aquí en California es muchas horas y hacer una cosa no más, pero la la mayoría de la gente que viene del sur ya saben cómo sembrar la milpa, cuidar la semilla con poco de agua y asegurar una cosecha. Con poca agua, mis abuelos sembraban al menos doce verduras: chiles, tomates y lechuga hasta flores para llevar a la iglesia.

El patrón a veces les paga a l@s trabajador@s inmigrantes lo menos por que piensan que si no tienen papeles, no merecen ganar como un jardinero de aquí. No nos quieren pagar lo que vale el trabajo. Por eso, como parte del Centro Laboral de Graton, se pudo trabajar junto con Santa Rosa Junior College para agarrar una certificación.

Aprendimos cuáles plantas usan menos agua y como sembrarlas. Muchas son plantas de aquí y algunas vienen de lejos pero se adaptan a este clima. Algunas requieren más o menos sol según el área. Muchos clientes quieren tener pasto, pero otras plantas usan menos agua. Ahorrar agua es un beneficio grande para todos porque como todos saben hay una sequía y nos falta agua para producir alimentos.

Brooke Anderson: Ésta es la tierra de vino. ¿Cómo está la industria afectando la tierra, el agua y la gente de aquí?

Gervacio Peña López: Yo trabajaba en las winerías. Ha crecido mucho la industria de vino aquí. Ahorita están sembrando uva en las lomas también. Han cortado bosques para plantar más uva. Conocí Healdsburg hace 27 años. ¿Por qué un pueblito así tiene que producir vino para todo el mundo? Es una locura. Me dio mucha tristeza ver huertos de manzana, durazno, ciruelas, todo esto han quitado para seguir produciendo uva. Pero la uva da dinero. Pueden generar más ganancias en corto tiempo. Es una inversion. Todos van por eso. Pero más adelante si ya no hay fruta, van a tener que traerla aquí. La gente que trabajan en la uva tienen familia. Para ellos pagar una manzana orgánica no está tan fácil. Entonces para lo que ganan aquí como sueldo se les va. También las winerías usan bastante agua para lavar y procesar la uva. Cuando se planta uva nueva, inyectan gases a la tierra para matar hongos que puede afectar a la raíz de la uva. Son muy tóxicos. Después lo que más fumigan es azufre a los hojas. Este polvo, ¿a donde va? A los ríos, a los arroyos.

Davin Cárdenas: Hay un crisis de vivienda accesible para la gente trabajadora. Usted participó en la campaña para aprobar la medida para un control de la renta. Cuéntanos sobre esta victoria.

Gervacio Peña López: La industria de vino tiene bastante influencia en el gobierno. Lo que más me da coraje es que no se han preocupado por proveer casa para sus miles de trabajadores. Antes, no era muy importante la renta para cuando veníamos, por tres meses donde nos quedáramos. Había lugares en la viña que nos dejaban dormir entre las uvas, aguantamos la afuera, acampar y ya. Y estábamos contentos porque cuando se acababa la cosecha, unos se iban para Oregon, otros para México. No había que preocuparse, no éramos permanentes. Pero muchos ahora ya tienen sus familias aquí y los niños tienen que estar en la escuela. También ha cambiado la ley de inmigración. Muchos quieren regresar a México y no pueden ir porque no van a poder venir al otro año. No está tan fácil.

Muchas familias que asisten al Centro Laboral de Graton viven en Santa Rosa, y están siendo afectadas por esta alza de rentas. La gente rentan lo poco que pueden con sus salarios pero no hay casas accesibles para trabajadores. Liderada por el Proyecto Organizativo del Norte de la Bahía, lanzamos una campãna “Derecho a un Techo” por una póliza de control de renta y desalojo con causa justa. Llevó tiempo, pero ganamos. No van a poder aumentar la renta por mas de 3% a la gente que vive en Santa Rosa. No los pueden desalojar sin causa justa. Es algo de protección que no existía antes. A veces hay que celebrar algo aunque es muy pequeña la victoria. Yo estoy aprendiendo que es un proceso largo, que aun cuando hay mucho desacuerdo, o cuando los del lado contrario tiene mucha influencia o poder económico, nuestra comunidad si se une puede defenderse.

Davin Cárdenas: Dijo que sus familiares trabajaban la tierra en México. Cómo trabajador de aquí, ¿por qué crees que la defensa de la tierra es importante?

Gervacio Peña López: Mis abuelos sembraron todo lo que se podía comer. Eran en los tiempos que no había transportación, pues tenía que cargar en la espalda o en el burrito para ir al mercado. No recibían mucho dinero pero regresaban con frutas, piñas, mango, diferentes plátanos – lo que no había en mi pueblo. Ya lo único que compraban eran panelas de piloncillo para endulzar y un medio kilo de sal. Cambiaban sus verduras por fruta, me da la idea de que a veces manejando el dinero, siempre hay alguien que hace ganancias pero no precisamente quien trabaja por proveer alimento o por crear algo que beneficia a la familia o la comunidad.  

Antes me acuerdo cuando sembrábamos en los pueblitos: Si tu no sembraste este año, no te preocupabas porque con cualquier amigo o familia, podías cosechar también, podía tener hasta milpa para tortillas por unos cuantos meses. Si querías cosechar, podías cortar algunos de otra familia. Si era para comer nadie te decía nada, nadie te criminalizaba. Pero cuando empieza el comercio, te pueden demandar si cortas una fruta. Antes no era así.

En mi tierra, también es bien visto ir a ayudar a otra familia. Se usa los tequios en las comunidades indígenas. Un tequío es un trabajo comunitario que no tiene pago. Cada miembro de la comunidad trabaja para un beneficio común, por ejemplo cuando trabajas en la escuela, la iglesia, o la casa de la comunidad. Y habían terrenos comunitarios que eran del pueblo. Se sembraba y se vendía el maíz para los del pueblo a bajo costo, para que no tengas que ir a la ciudad para comprar.

La tierra es para el bien común. Cuando se convierte en propiedad privada, es no más para los pocos que puedan comprar y imponer sus reglas. A veces unos generan tantas ganancias que se distancian de su familia o su vecindad. Se olvida uno que pertenece a esa comunidad. La tierra se debería resguardar porque es algo que ha dado de comer a nuestras familias desde muy antes. No se debe de poner precio a la tierra, como “Este vale tanto y pertenece a alguien.” Hoy en día porque cruzaste un cerco te criminalizan y por todo tienes que pagar. Se está perdiendo lo que realmente eran antes de que todos apoyaban para hacer un trabajo más fácil entre varios.